martes, 1 de marzo de 2016

Naturaleza: un todo complementado por la nada.

Oscuridad, temor, horror... luz.

Un campo estrellado es el paisaje que observamos, contando cada una de las moléculas que nos rodean, esperando nunca cansarnos. La brisa veraniega nos abraza, un calor inaguantable del cual locamente deseo deshacerme.

Me levanto y salgo corriendo a el bosque espeso, esperando encontrar un lugar de descanso un poco más fresco... pero hay muy poca fauna. Los arboles cada vez son más cortos, hay más espacio entre arboledas, no se ve animal alguno, cada vez el calor es más intenso y siento como me empiezo a derretir, lentamente mi piel cae al suelo en forma de gotas, transparentes y estrelladas, mi entorno adquiere una tonalidad naranja cada vez más fuerte y me sigo derritiendo, cada gota que sale de mi es más oscura que la anterior. Me convierto poco  a poco en un pequeño ejemplo de laguna, charca o mar, porque empecé pequeña y me terminé extendiendo infinitamente por la superficie naranja.

De mi empiezan a surgir microbios, que evolucionan hasta convertirse en  peces, peces que se vuelven mamíferos, cada uno pensante, y yo con la capacidad de escucharles, sentirles, amarles.

Estos animales logran llevar una gota de mi, que solidifican, me vuelvo arboles, montes, caballos, delfines, fuego, tierra, y ya era agua, lo soy todo y a la vez ¿qué soy?

Renazco siendo una pequeña parte de un todo infinito, que se  complementa, se ama, piensa y siente. Un todo que se relaciona con la nada, amiga de la muerte y enemiga de la vida; y despierto.

Despierto  de la ignorancia que me rodeaba cuando creía ser la dueña de todo cuando realmente soy nada. Soy la nada del todo, que si me voy tal vez me extrañaría, pero no dejaría de existir.

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