Me gustaría pensar que no te volveré a encontrar... pero es una hermosa casualidad que siempre nos veamos a esa hora los lunes esperando el metro.
Es gratificante y a la vez da miedo, no sé qué pensar cuando te veo, tu respiración pausada, como si todo lo tuvieras fríamente calculado, tu ropa de holgazán, que contradice todo lo que pueda pensar sobre tu gran inteligencia... pero no, no puedo pensar en ti.
Está mal que estos sentimientos surjan, yo debo de pensar en aquel con quien me prometí, no con alguien que acabo de conocer y que... extrañamente... acapara todos mis pensamientos desde entonces.
¡Fue una mera casualidad! Lo juro destino, no buscaba traicionar al hombre que me diste por otro que una brisa pasajera a puesto frente a mí, uno que en poco tiempo me ha hecho sentir tanto... no puedo dejar de pensar que cometo un error, pero no sé cuál.
¿Debo dejarlo todo por él o será perder mi tiempo? Ya que pienso que nada podrá suceder. Sólo con mirarle de lejos, pensar cómo será y las pocas palabras que me ha dirigido me conformo, seguiré así toda la eternidad y me conformaré con lo que ya tengo, no quiero jugarle partidas confusas al destino cuando ya todo me lo ha dejado muy claro, el diamante en mi dedo lo dice todo.
Aún así nunca dejaré de pensar en ti, chico del metro, hombre del metro, nuestro futuro será una grata imagen que pensar cuando todo vaya mal en mi vida, y espero, que como yo, por lo menos te hayas preguntado si entre ambos pudiera surgir algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comenta si te gustó. Si no te gustó, con más razón aún.