Me gusta recordar el tono de rojo en el que se solían poner tus mejillas cuando te decía princesa o mi cielo. También son gratos esos recuerdos de tu lucha con el cabello, esos crespos que nunca quisiste son lo que me atrajo de ti el primer día que te vi. Guardo con gusto esos días lluviosos que venías a visitarme porque temías que el mundo se inundara y, al no saber nadar, nunca más pudiéramos volver a vernos.
Recuerdo tu cabeza en mi hombro, durmiendo mientras la película seguía, película a la cual nunca ponía atención, tu presencia era suficiente entretención.
Pero todo día lluvioso acaba, y sale el sol, sol que viene acompañado del olvido, con el sol vienen tus amigos, tu familia, tus distracciones y yo, quedo en el olvido.
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