Sara era una artista recluida en este mundo, algo así como un alíen capaz de ver la felicidad en cualquier cosa que cualquier persona considerada normal consideraría horripilante. Sus compradores, o "fans" amaban eso de ella, por eso, desde muy joven ya era considerada una de las artistas más grandes en Europa. Yo realmente hasta conocerla nunca había pisado una galería de arte, hasta recuerdo la cara extraña que me hizo cuando le pregunté con real curiosidad en qué trabajaba. Oh, y esa cara de enojo cuando le dije que si vivía del arte o sólo era un pasatiempo, no conoces todos los días a alguien que hacer lo que le gusta le dé de vivir.
Yo trabajo en algo un poco contrario a lo suyo, una "triste oficinista" aunque de triste no tengo nada, amo mi trabajo y eso es algo que ella no logra entender. Somos "cuadriculados" y "siempre seguimos las reglas", lo que no entiende es que las sigo porque quiero.
Aún así fue muy interesante ese primer café que nos tomamos, sentimos una conexión, amor a primera vista, como desees llamarlo. Tanto amor y tanta conexión que hoy después de un año quiero celebrarlo y puedo decir que el próximo querré igual... Y así todos los años ya que cada año seguro que mi amor será más grande que el anterior, y eso es como un asenso en al oficina... Algo que se debe celebrar.
Pienso llevarla a el mismo café donde nos conocimos, no es lo más lujoso, pero conociéndola un lugar lujoso sólo buscará criticarlo, ojalá el café no le moleste, le suele molestar todo, así sea algo que ya conoce.
¡Qué porqué no cambia! ¡Qué porqué cambia! Dios... Oh no, ¡hasta si mencionó a Dios! ¡A esa mujer parece que nada la hace feliz! Yo hago mi mejor esfuerzo, ya que aunque molesta... No sé porqué... Pero la amo.
