viernes, 27 de noviembre de 2015

Rosalba y el coronel (relato corto)

Extraído de uno de mis "libros" de Wattpad: Dando un vistazo al pasado. 

El coronel Alvarez conoce el amor, pero este no lo conoce a él. 

No todos los días se despierta como ese día se despertó el coronel, con una sonrisa de oreja a oreja y con una belleza que ningún hombre de su edad siquiera pensaría, ese día todos lo miraban por la calle y le saludaban, una hermosa dama le regala hasta un alago sobre su porte y elegancia, el coronel no tenía precendentes, después de llegar de la guerra su belleza se intensificó, la guerra se perdió pero para él fue como si algo en si hubiera ganado, pero aún no sabía que. 

Rosalba no tuvo la mejor mañana, hacia mucho sol y entraba por la cortina, ella odiaba levantarse y más si era para seguir viviendo. Rosalba, una chica que para su edad se veía más vieja, un poco enojona y ni una obscenidad de un albañil atraía, y no porque fuera fea, sino porque su aura negativa no dejaba que su belleza se mostrara. Rosalba se creía una mujer que no hacia gran cosa, sabía hacer quiaseres del hogar y se había graudado de ingeniería hace poco, pero para ella eso no era gran cosa, nada era gran cosa. 

El coronel a pesar de no haber terminado la secundaria, se sentía dichoso con su estilo de vida, después de retiro pronto del ejército por su lesión, se dedicó con su pensión a ayudar a las personas que lo necesitara, sin restricción de nada, con tal de convertir el dinero en felicidad, era capaz de todo. 

Rosalba se dirigía al trabajo, luego al gimnasio y volvía a su casa a ver una serie que la alejaba un poco de la realidad en la que se encontraba, Rosalba quería ser feliz, pero para ella su salario elevado no podía hacer nada para elevar sus mejillas en una sonrisa. 

El coronel conocía a alguien, alguien que lo volvía loco, que quería hacer de esa persona una persona feliz a cuesta de todo. 

Rosalba sabía de alguien, que la felicidad le rebosaba, como con ella, los celos lo hacían. 

El coronel toca su puerta, nervioso ese día, primer día que le hablaría. 

Alguien toca en la puerta de Rosalba, ella algo atonita se levanta rápido, luego sería un vendedor ambulante o alguien pidiendo limosna. 

El coronel no para de moverse y de pensar una y otra vez que iba a hacer, una mujer tan bella merecía la mejor invitación que él podría ingeniarse. 

Rosalba abre. 


A sus 25 años de casados, se sientan juntos en aquel sillón que Rosalba ocupaba para ver sus series, preparan todo lo necesario y se dirigen juntos a las fundaciones del poblado para contribuir tanto con la sonrisa de los ayudados, como con la suya.

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