Te levantas y me miras, no sabes si reír o gritarme, es tu duda existencial diaria. Te saludo con un beso en la mejilla, la cual se sonroja al instante, nunca había estado tan feliz de ver tanta sangre junta en un punto específico.
Te enojan mis pensamientos científicos, que todo lo relacione con el laboratorio, pero. ¿qué mejor descubrimiento que la felicidad que puede traer el amar a alguien? Si soy científica es por tu enfermedad, a la cual he descubierto que tú misma eres la cura.
Optas por besarme, me acaricias el cabello, un buenos días que pondrá en mi cara una sonrisa para toda la jornada, y te levantas, o lo intentas, porque te interrumpo y caemos en la cama. Te enojas y quieres que te suelte, pero no quiero que te vayas... Quiero embriagarme cada segundo con tus olores, quiero embucharme de tus besos, quiero expresarte todo lo que siento.
Tengo miedo, no puedo negarlo, cuando encuentras la felicidad te vuelves egoísta, no quieres perderla, después de 32 años buscándola, este no será el momento en que se me escape.
Me tranquilizas y me dices que por la tarde nos veremos, que nada malo pasará, pero ¿qué puede ser más malo que el hecho de que partas? Claro, el que no vuelvas.
Pero sé que volverás, tengo fe en ti, porque sé que tú también la tienes en mi.
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